viernes, 14 de mayo de 2010

Comunicado difundido en la conferencia de prensa de esta mañana

ROQUE: VERDAD Y JUSTICIA 

Este viernes 14 de mayo, Roque Dalton cumple setenta y cinco años de vida porque sigue presente en sus hijos sobrevivientes –Jorge y Juan José– quienes denunciarán en la Fiscalía General de la República (FGR) a Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez por el asesinato de su padre. Esa lucha, digna de respeto y admiración, le recuerda al país la deuda estatal con todas las víctimas.   
El 10 de mayo de 1975, el poeta fue asesinado junto a Armando Arteaga –conocido como “Pancho”– por decisión del Estado Mayor del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) integrado por los tres acusados y Vladimir Rogel, Alberto Sandoval y otros ya fallecidos. Tanto Villalobos como Meléndez reconocen que el laureado escritor enfrentó un “proceso político” que derivó en su ejecución, asumida por ese mando político y militar como una decisión “colegiada”. Desde entonces, la familia de la víctima ha exigido ubicar el cadáver de Dalton y el de “Pancho”, sin que a la fecha ninguno de sus victimarios haya revelado esa información. En lugar de eso, sus versiones han cambiado a lo largo de los años. 
Estos hechos ocurridos antes de la guerra en El Salvador, son considerados delitos contra la humanidad en el marco de su evolución conceptual desde los tribunales de Nuremberg hasta el Estatuto de Roma; por tanto, no prescriben ni pueden ser amnistiados. Lo son porque ofenden a toda la humanidad, en la medida que fueron realizados como parte de una práctica sistemática por razones políticas en contra de una disidencia intolerada y eliminada por la fuerza. Y en el  caso particular de Roque Dalton, lo es por la trascendencia universal de quien se ha erigido como el máximo creador literario salvadoreño. 
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que “son inadmisibles las disposiciones de amnistía, las disposiciones de prescripción y el establecimiento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impedir la investigación y sanción de los responsables de las violaciones graves de los derechos humanos tales como la tortura, las ejecuciones sumarias, extralegales o arbitrarias y las desapariciones forzadas, todas ellas prohibidas por contravenir derechos inderogables reconocidos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos”. 

Por eso, una vez más, las víctimas acuden a la FGR –entrada al sistema nacional de justicia– para que funcione. Para que investigue y establezca la verdad; para que inicie en serio la batalla estratégica contra la impunidad. La familia Dalton ofrece algunos elementos que pueden ayudar a la institución en lo relativo a la determinación de las responsabilidades: audios de las declaraciones de algunos de los presuntos autores materiales e intelectuales, así como varias publicaciones en periódicos de circulación nacional donde admiten su culpa. La FGR tiene hoy otra oportunidad para reivindicarse y demostrar que es capaz de combatir con éxito la criminalidad, no importa quienes sean sus autores.   
San Salvador, viernes 14 de mayo del 2010. 

Texto de Retamar que desmiente los rumores sobre la supuesta ruptura de Roque con la revolución cubana


Con Roque siempre

“En 1963, en una intervención en la Biblioteca Nacional de Cuba, anuncié que no estaba lejano el día en que se diría «Dalton» como entonces, en 1963, se decía «Vallejo» o «Neruda». Hace tiempo que ese día llegó, y jóvenes de muchas partes lo proclaman” 

por Roberto Fernández Retamar

A Aída

Antes que a Roque, conocí, sin saber que era de él, su poesía. He escrito a propósito de esto en otras ocasiones, por lo que no pretendo ser aquí original. A lo largo de los más de cincuenta años de vida de la Casa de las Américas, solo en dos ocasiones he integrado el jurado de su premio anual de poesía, y en ambas, obras de Roque fueron distinguidas. Una, fue en enero de 1962, cuando los libros se presentaban con seudónimos, de modo que al encontrarme, deslumbrado, con los versos de El turno del ofendido, ignoraba quién sería su autor. Tal libro, a petición mía, obtuvo mención en el concurso, y la Casa lo publicó en bella edición.

Siete años más tarde, en 1969, volví a formar parte del jurado, y en esa oportunidad el premio fue para el libro de Roque Taberna y otros lugares, un título imprescindible en la poesía del siglo XX.

Para entonces, a diferencia de la vez anterior, yo ya sabía bien quién era Roque, y me unía a él una amistad fraternal. Poco después de leer El turno del ofendido, me fue dable encontrarme con su autor, quien había viajado de México a Cuba para participar en una reunión política. Nos conocimos en una librería habanera, y nos hicimos desde el primer momento viejos amigos. Sobre él escribí y publiqué en la revista Casa el poema «Carta a Roque Dalton». En mi cuarto de trabajo tengo una foto suya que me dio con esta dedicatoria: «Para mi querido hermano Roberto Fernández Retamar, esta foto en pose de abnegación. Roque. 1963».

Nos unían ideales literarios, personales, políticos (muy fuertes en él), si cabe hacer estos distingos. En 1962, a sus veintisiete años, ya Roque era uno de los poetas más destacados de aquel tiempo americano. Y vista su tarea en conjunto, creo poder decir que es el poeta más representativo de nuestra generación, a la cual José Emilio Pacheco sugirió que se la llamara «del 59» por razones obvias, y que cuenta con grandes voces y grandes muertos. Mario Benedetti, a propósito de estos últimos, compiló la antología Poesía trunca, editada por la Casa de las Américas, donde Roque ocupa lugar primordial.

En 1963, en una intervención en la Biblioteca Nacional de Cuba, anuncié que no estaba lejano el día en que se diría «Dalton» como entonces, en 1963, se decía «Vallejo» o «Neruda». Hace tiempo que ese día llegó, y jóvenes de muchas partes lo proclaman. Me enorgullece que así sea, y me congratula, por ejemplo, que atendiendo a solicitud que le hice para una entrega de la revistaCasa dedicada al centenario de Lenin, Roque me diera unos poemas que crecerían hasta ser Un libro rojo para Lenin.

Por otra parte, como se sabe de sobra, su extraordinaria faena en verso es solo una parte de su extraordinaria faena literaria. Pero en estas líneas no pretendo hacer un balance de su obra ni de su excepcional vida, sino evocar su presencia entre nosotros.

Esa presencia llegó a ser familiar. Recuerdo, por ejemplo, la noche en que Roque llegó a casa con Aída y sus tres hijos para la cena de Navidad. O cuando Roque nos visitaba con flores porque estaba enamorando a mi hija más pequeña, entonces de dos años, quien tiempo después me dijo que ella había creído de veras que Roque era su novio. Adelaida conserva un libro de Roque dedicado «A mi suegra». Algunos años más tardes, uno de los hijos de Roque tuvo pretensiones acaso menos candorosas a propósito de una de mis hijas.

Mis relaciones intelectuales con Roque se hicieron más fuertes cuando lo invité a formar parte del comité de colaboración de la revista Casa de las Américas. Evoco ahora en particular una noche de enero de 1967 en que los miembros de dicho comité tuvimos una cena con Fidel que se prolongó hasta el amanecer, ocasión en que Fidel y Roque se enzarzaron en observaciones sobre el uso de cierta arma.

Sin duda la Casa fue la institución cubana a la cual Roque estuvo más vinculado. Además de los ya nombrados, la Casa publicó varios de sus libros. Pero Roque desbordó la Casa. Ejerció influencia en varios de los jóvenes poetas nucleados en torno al primer Caimán Barbudo; publicó en las revistas UniónPensamiento Crítico y Tricontinental; y, desde luego, se entrenó en Cuba para las tareas revolucionarias que se propuso. Su identificación con nuestro país fue tal, que en una glosa relampagueante de un verso de Martí pudo escribir: «Dos patrias tengo yo: Cuba y la mía».

Como corresponde a las verdaderas grandes amistades, la nuestra sobrevivió a las discusiones. Tuvimos una en 1970, y al día siguiente, 20 de julio, Roque me hizo llegar la siguiente carta:
    Estimado Roberto: Por este medio te reitero mi decisión en el sentido de renunciar a mi calidad de miembro del Consejo de Colaboración de la revista Casa. Quiero que sepas mi agradecimiento por haberme permitido colaborar en la labor que ha hecho de nuestra Revista una de las más importantes de América Latina y de la Revolución Latinoamericana. Quiero asimismo insistir en mi fraternidad para ti, nunca desmentida, y en el deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolución, inclusive uno en nombre del otro. Con el mismo abrazo: Roque».
Meses después se disolvió el mentado comité (que Roque llamó consejo) de colaboración, y Roque volvió a publicar en la revista Casa. Pero quiero llamar especialmente la atención sobre su «deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolución, inclusive uno en nombre del otro». Porque la realidad iba a darme una terrible ocasión de verificar esas palabras, de hablar a nombre de él.

Roque Dalton durante una lectura de poesía en la sala Manuel Galich de la Casa de las AméricasHace ahora treinta y cinco años, comenzó a circular, en forma vaga, la noticia de su muerte. Fui corriendo a la imprenta y escribí, al final de la entrega 91 de la revista, con el título «Compañero Roque Dalton», estas líneas:
    «Al comenzar a imprimirse este número de Casa de las Américas, distintas agencias de prensa están trasmitiendo la noticia de la muerte en su patria, en condiciones todavía no aclaradas, de nuestro querido compañero Roque Dalton. Confiamos en que esta noticia sea falsa, y nos sea dable seguir contando por mucho tiempo con su magnífica presencia creadora. Pero si fuera cierta, el haber conocido íntimamente y durante largos años a Roque Dalton, autor de una obra brillante, combativa y hermosa, nos permite asegurar que hasta el final tiene que haber sido fiel a su vida: una vida al servicio de la Revolución, al servicio de los pueblos de nuestra América, que él defendió y expresó sin cansancio».
Por desgracia, la espantosa noticia resultó cierta, y en el número 92 de la revista Casa, con fecha de agosto de aquel año y la firma de la institución, escribí «Sobre nuestro compañero Roque Dalton» estas palabras:
    Cuando hace algunos meses comenzó a circular la especie de la muerte de nuestro querido compañero y amigo Roque Dalton, nos negábamos a dar crédito a una noticia que tenía todas las trazas de las groseras calumnias que el enemigo no se cansa ni se cansará de urdir […] Confiábamos que Roque estaba vivo, y desmentiría de un momento a otro esa falsa noticia. Desgraciadamente, a estas alturas no nos es dable ya mantener esa esperanza, y estamos en la obligación de hablar por él, y rechazar en todos sus puntos, con la autoridad que nos da el haberlo conocido íntimamente durante los muchos años que estuviera vinculado a nuestra institución, las infames acusaciones que sus asesinos le lanzaran. Según lo que sabemos, el 10 de mayo último Roque Dalton fue cobardemente ultimado por una minúscula fracción de la organización revolucionaria salvadoreña en que militaba, Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): fracción que previamente había sido acusada por la dirección del movimiento de desviación militarista y de extremismo pequeñoburgués. El asesinato de Roque Dalton y de otro compañero ratifica dramáticamente lo correcto de ese planteo. Roque Dalton ha muerto como vivió, fiel a su patria, a la Revolución latinoamericana, al marxismo-leninismo. Precisamente esta fidelidad es lo que no pudieron perdonarle quienes, inficionados con los gravísimos errores de un seudoizquierdismo antisoviético, anticubano, antirrevolucionario, han prestado al enemigo un servicio impagable. La historia los considerará como simples criminales que pretendieron aniquilar, en la persona de un luchador incansable, una limpia y abnegada postura; y conservará el nombre de nuestro querido compañero Roque Dalton, revolucionario consecuente, intelectual brillante y combativo, hombre generoso y cordial, amigo inolvidable, entre los nombres de los héroes, mártires y creadores de nuestra América.
El asesinato de Roque y la monstruosa acusación que sus asesinos le hicieran provocaron honda conmoción. En el número 94 de la revista Casa le dedicamos un homenaje con el título «Para Roque: el turno del ofendido». En su introducción, se leía de él que
    fue —y seguirá siendo— nuestro amigo, nuestro compañero, nuestro hermano. En la Casa de las Américas trabajó, publicó, discutió, enriqueció. Compartimos con él buena parte de su vida, la vida de un revolucionario infatigable, un intelectual creador, un hombre útil que provocaba cariño, admiración y alegría. […] Un grupo de amigos, compañeros y admiradores le dedican hoy aquí estas palabras. Muchas más le dedicaremos. Pero sobre todo estamos seguros de que su pueblo esgrimirá su nombre como bandera de combate, y hará que su utilidad, como corresponde a todo revolucionario verdadero, llegue más allá de su muerte. Descansarás en la lucha, hermano Roque. Estarás presente, con una sonrisa, en la victoria.
El homenaje incluyó textos, entre otros, de Julio Cortázar, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Régis Debray, Manuel Galich, Carlos María Gutiérrez, Efraín Huerta, Margaret Randall, René Depestre, Roberto Armijo y yo.

En este mayo de 2010 Roque hubiera cumplido setenta y cinco años. Para conmemorarlo, publicaremos el volumen Materiales de/sobre Roque Dalton en la revista «Casa de las Américas», con prólogo de Aurelio Alonso, quien también fue su amigo y compañero. Y, sobre todo, tenemos y tendremos siempre presente a Roque.

La Habana, 4 de mayo de 2010

Un poema de Silvio para Roque

Flor para Roque


No sé si le habrá dolido
el tiro que lo mató,
pero sé que su asesino
matándolo se murió.

No sé dónde lo pusieron
a dormir el desamor.
Hoy debo mirar al cielo
si quiero darle una flor.

Aída, Juanjo y Jorgito,
de cinco quedaron tres.
¿Dónde están Roque y Roquito?
¿Cuándo comienza después?

Roque Dalton fue mi amigo.
Él era un poco mayor
y ahora me resulta un hijo
necesitado de amor.

No es venganza lo que quiero,
sino dejar una flor
donde escondieron los huesos
de un héroe de El Salvador.



Publicado en el blog de Silvio.

jueves, 13 de mayo de 2010

Mensaje

Saludos. Gracias a su apoyo, este pronunciamiento de respaldo a la familia Dalton-Cañas ha venido ganando más fuerzas. "Todas las voces, todas. Todas las manos, todas", como decía el poeta Armando Tejada Gómez, pueden ser acá la diferencia entre la continuidad de la injusticia y el esclarecimiento de la verdad, no sólo en este caso, sino en muchos casos similares. Les comunicamos que este es el último día para recoger firmas, ya que mañana se buscarán los medios para dar a conocer el documento. Si pueden reenviarlo a sus contactos, sería de una gran ayuda. También será importante que ayuden a divulgarlo, en los países donde ustedes viven, con los medios de comunicación, con sus comunidades, con la gente que conocen.
Sigamos. "Todos tenemos más muerte que ellos, pero todos juntos, más vida que ellos".

Roque sigue interpelándonos


Roque Dalton: la ética que demanda
Iván Castro


            Ni para tener edad de pensar nos alcanzaba cuando el mayor poeta que parió el paisito cayó dejándonos toda la vida que podía nacer de su esperanza, hace 35 años. Ahora, tiempo después, no quiero pensar que lo medio pensantes que somos ahora, a no decir mal pensados, o proyectistas del bien pensar, podríamos concluir que fue una trama macabra para eliminar “lo pensante” en esos turbios años.
            Se trataba de “El proceso”, decían, para disfrazar, los milicos argentinos sobre la matanza que urdieron contra sus mismos compatriotas y sus vecinos en el sur del continente. Y el poeta Roque Dalton murió como parte de “un proceso”: dice ahora uno de los señalados en la trama de asesinar al poeta, en una entrevista, cuando es indagado sobre el crimen, y antes que se destape en su orgullo actual de ser un “salvador de vidas” del primer gobierno que aun queremos sea el de la esperanza.
            Un ministro habló de difamación, solo por cuestionar sobre el crimen, y de paso, cubrir otras oscuridades. Luego, alguno que otro mal asesorado rabió también siguiéndole la tónica, con argumentos tales como que la guerra les llevó parentelas.
            Sépalo usted, quien así arguye: no fue el único que perdió sangre de su sangre. Yo perdí hermanos, primos, tíos, parientes, amigos, compañeros. Sobre todo compañeros, un término ninguneado por tantas veces falseado. Y no perdí hijos porque no tenía edad para tenerlos y perderlos en la guerra por los mínimos espacios de democracia que se ganaron.
            Muchos quisieran vivir de sus galones, demasiados de sus historias. Pero ahora es el tiempo, de a poquito en poquito si se quiere y no defraudan más de lo hecho, de los olvidados. A esos de siempre, a los que han cantado Silvio y grandes voces más. Por esas voces, por ellos los pequeños sin nada, por sumarme, digo.
            Sobreviviente que soy, demando el mínimo: saber qué pasó, la explicación debida que se sobreponga al cliché tantas veces maniobrado por los militares que con asesinatos y desapariciones convirtieron a Nuestra América en el paraíso de las dictaduras y las manos duras para solucionar divergencias políticas. Y justicia.
            Que eso de verdad y de justicia sea por algo. Por algo la ética, eso que nos hizo diferentes desde tiempo atrás, y que a tientas comenzó a hacer sonar su voz en el paisito, y nos trajo a ganar al primer gobierno de izquierdas en la historia del paisito. Digo esto aunque ello resuene más de lo debido.
            Supo escribir el poeta esperanzas, y repartirlas. Sepamos los que estamos, tal como escribió Dalton, que “no hay héroes posibles / cuando la tempestad ocurre / en un oscuro mar de mierda”.
           

miércoles, 12 de mayo de 2010

Una de tantas muestras de apoyo


Adhiero de corazón al pronunciamiento de la Familia Dalton Cañas reivindicando la memoria del poeta asesinado en los años de plomo, Roque Dalton. Entiendo el dolor de Ustedes porque aquí, en Argentina, hemos vivido situaciones similares, con fue el caso del recordado escritor Heraldo Conti.
 
Mi nombre es Carlos Pérez Zavala, docente jubilado, apaciento ideas en el campo de la patria grande.

sábado, 8 de mayo de 2010

PARA ROQUE, JUSTICIA Y VERDAD



PRONUNCIAMIENTO EN APOYO A LA FAMILIA DALTON CAÑAS
LOS MEJORES RECONOCIMIENTOS PARA ROQUE SON LA JUSTICIA Y LA VERDAD


Este 14 de mayo de 2010, el poeta Roque Dalton estaría cumpliendo 75 años. Estaría junto a sus familiares, a sus hijos, quienes habrían crecido a la par suya. Estaría, además, rodeado de sus nietos. No sabemos qué habría escrito. A lo mejor, habría terminado el proyecto de novela inspirado en su padre y, sin dudas, seguiría siendo un poeta e intelectual cuestionador de las injusticias.
Este año, sin embargo, se cumplen 35 años de impunidad en el caso del asesinato del poeta. Quienes firmamos, declaramos nuestra solidaridad con la familia Dalton Cañas, en respaldo a su justa exigencia de justicia por la muerte de Roque.
Por el contrario: lo que ha prevalecido en estos 35 años han sido las versiones distorsionadas e incompletas de los hechos por parte de los responsables, algunos de los cuales califican de “error de juventud” y de “proceso político” lo que no es más que un homicidio. Demandamos a los responsables del hecho, a los que estuvieron involucrados en el asesinato de nuestro poeta, a que declaren la verdad sobre este caso. No es solo una exigencia de la familia Dalton Cañas. Tampoco es solo una exigencia de la sociedad salvadoreña, sino de todas las mujeres y todos los hombres para quienes Roque Dalton escribió y luchó.
Rechazamos cualquier acción o declaración que persista en seguir ocultando la verdad de los hechos, así como cualquier acción o declaración que implique un encubrimiento de los responsables del crimen.
Roque Dalton no sólo fue víctima de un asesinato. Inmediatamente antes, pero también después de haber sido muerto, fue víctima de calumnias por parte de sus homicidas. En este sentido, hay también una exigencia de reparación moral de la memoria de Dalton que aún no ha sido completamente satisfecha.
Creemos que el mejor regalo de cumpleaños para el poeta se resume en dos palabras: Justicia y verdad. Ese es el mejor reconocimiento para la memoria de nuestro poeta.

14 de mayo de 2010.

Apoyan este pronunciamiento:

1.      Thelma Nava, escritora (México)
2.     Vanessa Pocasangre, socióloga (El Salvador).
3.     Rafael Mendoza El Viejo, poeta (El Salvador).
4.     Manuel Rafael Reyes Alvarado (El Salvador-Canadá)
5.     Ángela Sandra Reyes Arévalo (El Salvador-Canadá)
6.     Roxana Petrona Reyes Arévalo (El Salvador-Canadá)
7.     Vera Margarita Reyes Arévalo (El Salvador-Canadá)
8.     Manuel Rafael Reyes Arévalo (El Salvador-Canadá)
9.     Edgardo Trejo, artista plástico (El Salvador)
10. Fernando de Dios Merino, periodista (España)
11. Claribel Alegría, escritora (El Salvador)
12. Carlos Lisandro Recinos, estudiante (El Salvador)
13. Luis Alvarenga, escritor (El Salvador)
14. Carlos Molina Velásquez, profesor universitario (El Salvador)
15. Julián González Torres, profesor universiario (El Salvador)
16. Roberto Girón, analista en sistemas (El Salvador- Australia)
17. Laura Romero, licenciada en Letras (El Salvador)
18. Marina Manzanares, artista  y periodista (El Salvador)
19. Elías Capriles, profesor universitario y escritor (Venezuela)
20. Rosalba Quinteros García, capacitadora en desarrollo humano (El Salvador)
21. Julio Gutiérrez
22. Jaime Rivas Castillo, antropólogo (El Salvador)
23. Blanca Curiel Núñez, profesora (España)
24. Pablo Benítez, poeta y coordinador de la Cátedra Roque Dalton (El Salvador)
25. Ernesto Flores, poeta (El Salvador)
26. Julio Martínez, trabajador social (El Salvador)
27. Margarita Majano, profesora (El Salvador)
28. Ana Silvia Ortiz Gómez, Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos y Arqueológicos de la Universidad de El Salvador (El Salvador)
29. Alejandra Ciriza, investigadora del CONICET (Argentina)
30. Ámbar Rico Sánchez, abogada (El Salvador)
31. Franklin Quezada, etnomusicólogo y gestor cultural, fundador del grupo Yolocamba I Ta (El Salvador)
32. Ben Ehrenreich, escritor (Estados Unidos)
33. Carla María Sánchez, licenciada en filosofía (salvadoreña residente en Barcelona)
34. Freddy Pacheco, poeta (Venezuela-El Salvador)
35. Iván Castro, poeta y periodista (El Salvador)
36. Fesal Chaín, poeta y narrador (Chile)
37. Alejo Martínez, trovador (Cuba-España)
38. Paloma Ramírez Villalba, autora (España)
39. Jen Hofer, poeta, interprete, maestra y traductora (Estados Unidos)
40. Francisco Ruiz Udiel, poeta (Nicaragua)
41. Gabriela Mata Parducci, técnico de sonido (El Salvador)
42. Ricardo Hofer, psicólogo, jubilado (Argentina-Estados Unidos)
43. Arnoldo García, poeta por los derechos humanos (Estados Unidos)
44. Luis Antonio Pichardo, poeta,artista y fotógrafo (México-Estados Unidos)
45.  Sara Gutiérrez, psicóloga (Argentina)
46. Jaime Aquino, productor audiovisual (El Salvador)
47.  Elsa Fuentes, abogada (El Salvador)
48. Álvaro Rivera Larios, articulista y poeta (El Salvador)
49. Salvador (Chamba) Juárez, poeta (El Salvador)
50. Julio Iraheta Santos, poeta (El Salvador)
51. Mario Mata, antropólogo (El Salvador)
52. Ilda Márquez, periodista (Argentina)
53. Nicolás Doljanin, periodista (argentina)
54. Loren Sanchis (Francia)
55. Yohann M., estudiante (Francia)
56. Moisés Gómez, filósofo y educador (El Salvador)
57. Felipe Alonso García Quinteros, estudiante (El Salvador)
58. Ana Escoto, estudiante y escritora (El Salvador-México)
59. Antonio Salamanca Serrano, abogado (España)
60. Tomás Andreu, periodista (El Salvador)
61. Silvio Aquino González, estudiante (El Salvador-Nicaragua)
62. Raquel Huerta-Nava, escritora (México)
63. Carlos Pérez Zavala, docente (Argentina)
64.  José Luis Soto, músico (Estados Unidos)
65.  Pedro Vides, ingeniero mecánico (El Salvador)
66. Marisol Salinas, coreógrafa (El Salvador-Paraguay)
67. Karla Coreas, poeta (El Salvador-Estados Unidos)
68. Mario Ramos, maestro y sacerdote católico (El Salvador)
69. Alfonso Fajardo, poeta (El Salvador)
70. José Danilo Ramírez, profesor universitario (El Salvador)
71. Armando Salazar, periodista (El Salvador)
72. Daniel Rodríguez, sociólogo (Argentina)
73. Mauricio Langon, profesor de Filosofía (Uruguay)
74. Ramón Brizuela, maestro mayor de Obras (Argentina)
75. Juan Mato, jubilado y militante de la Federación Obrera Regional Argentina (Argentina)
76. Francisco Canteruccio, obrero metalúrgico (Argentina)
77. Citlali Doljanin Galíndez, antropólogo (Argentina)
78. Lidia Figale, periodista (Argentina)